
La conversación era un pez dormido mecido en su falda.
Paseaban sobre adoquines de culturas milenarias.
Las calles daban vueltas sobre sus esquinas vacías, el olor a humedad rancia, a pueblo sediento lo impregnaba todo.
Las viejas piedras meditaban su silencio.
Una niña callaba su algarabía y una vieja espiaba tras la cancela los besos furtivos de los enamorados.
Ellos y sus sueños en un balbuceo de nostalgias, algo se dijeron que a él se le ensancho el pecho, y ella con una lágrima midió una distancia.
Un viento helado les paralizo el aliento y una senda los vino a unir en una sola mirada.
Una mano asida a una palabra, una palabra prendida en un labio, un mágico secreto, un resurgir del rescoldo.
Él construyó un palacio en el aire para que ella lo habitara etérea como una nube, sin detenerse a pensar que su corazón latía como el de cualquier mortal.
Ella trabajó su vida y su encuentro ¿y si el secreto estuviera en la evidencia del misterio?Cerraron los ojos, sería conveniente dejarse mecer por la música.
Fue una falacia atrapar la luz de la luna.
Quietos esperaron el vuelo de los pájaros para envolverse en sus plumas y poder trasladar sus quimeras y anhelantes imploraron antes de que cayera la noche un vuelo sin prisas.
¡Que frió en los pies! ¡Que cálidas las manos!
Ese miedo que atenaza la garganta que paraliza el borbotón de magia que son las palabras, ese miedo se diluyo al compás de una plomada.
Y ese grito que fuerza la garganta en un decir de amores que no dice nada.
Y ese tornasol de almas que dice bajito, quiero acariciar tu cuerpo, besar tus palabras.
Autor Desconocido por mi.
PD.-Yo tambien te pienso, irremediablemente.