Estaciones de viento, de silencios, dispuestas en estructuras creadas para vivir del daño humillante del tiempo. Y aún así hay que esparcir fingidos humores, evacuar de la palabra su sonoro vaivén de distancia, olvidar que existió en la suela de mi zapato una vía de enamorados alientos.La casualidad jamás volvió a unirlos.
Ha sido incesante el estruendo amoroso de la memoria y la impaciencia se ha convertido en un augurio de silencio. La ciudad se ha dedicado a hilvanar estructuras, bifurca sus verdades en parajes dulces donde el suspiro se confunde con la manía del jadeo. Es distancia, desencuentro que mantiene su equilibrio detrás de la palabra.
Alejandra Villareal.




