
Soy tuya, yo te lo aseguro,
no hay testigos ni manifiesto que lo aclare.
Aunque no evoques
qué esencia tenía mi guarida,
o si mis besos eran impacientes
por temor a que no volvieras a rozar mis labios.
Soy tuya, en todos los idiomas,
está escrito en las paredes
con el calcio de mis garras.
Soy tuya, hembra de este siglo,
que camina con la vista al horizonte
porque no me importa que lean en mis ojos
que por vos muero a cada instante.
María Gabriela Abeal




