Los ángeles a veces se equivocan,
ponen las alas donde no debieran,
aunque esas mismas alas aligeran
la pesadez de todo lo que tocan.
Con sus inquietas manos van, trastocan,
hacen perder el juicio, se apoderan
del ritmo de la vida cual si fueran
amos del corazón al que dislocan.
Son de la brisa eternos compañeros,
juguetones, a veces pendencieros,
portadores de flechas encendidas.
Pero a veces también se ponen tristes,
se visten de poetas, cuentan chistes
y a solas lloran sobre sus heridas.
Maria Cristina Orantes



